viernes, 12 de marzo de 2010

La salud de los marginados



Atravesado por limitaciones materiales y humanas y la férrea voluntad de sus trabajadores, el centro de salud de barrio Güemes intenta dar respuesta a las demandas esenciales de los vecinos de la zona. Con el acento puesto en la esfera preventiva, los humildes pobladores reciben atención médica con un aditamento de suma importancia: la contención afectiva. Indispensable, cuando faltan elementos para la atención. Por caso, hace seis meses que Salud de la Nación no envía partidas de anticonceptivos inyectables. Y la falta de personal en algunas áreas se sufre por la buena voluntad de los trabajadores.

Sebastián Sigifredo.

Desde hace tiempo la salud pública vive una crisis permanente que de tan recurrente ya no sorprende a nadie. Las periódicas medidas de fuerza en el polo sanitario son apenas un botón de muestra dentro del cual el reclamo salarial es su cara más visible. A lo que cabe agregar la aplicación de políticas sanitarias inconsistentes, la precarización de la infraestructura, inestabilidad laboral, falta de insumos, desidia, olvido.

Sin embargo, los grandes nosocomios tienen cierta visibilidad en el espacio público que contrasta con la de los centros de salud ubicados en la periferia, o a escasa distancia del centro de la ciudad. Cierto es que el campo de acción de unos y otros es bien diferente pero no por ello menos importante.

Dependiente de la Secretaría de Salud Pública Municipal, el Centro de Atención Médica Periférica 43 está ubicado en barrio Güemes, a sólo 700 metros del Palacio 6 de Julio (Simón Bolívar al 826). Allí, el ambiente destila orden y pulcritud, apenas una pila de carpetas sobre un escritorio revela el movimiento diario. Aunque el horario de atención es de 7 a 14 el grueso de los pacientes son atendidos antes del mediodía.

Sobre el final de la sala se agrupan los consultorios. La señalética de cada puerta indica las especialidades: “Pediatría”, “Enfermería”, “Ginecología” y “Clínica Médica” (dos días a la semana la atención de esta especialidad se extiende de 7 a 14). También se alcanza a vislumbrar el sector de la cocina, lugar de reunión del personal donde se cultiva la camaradería y circula el mate de mano en mano.

José Bettolli tiene a cargo el área de ginecología y es el director del centro de salud desde noviembre de 2005. El lenguaje popular designa al lugar como el dispensario del barrio pero Bettolli reniega del término: “Es que lo asemeja a una despensa, un sitio para despachar y esto es un centro de atención médica periférica”, explica.

Desde el programa de embarazo y prenatal hasta el control del adulto sano, todas las actividades que allí se realizan giran en torno a la prevención. También se atienden algunas patologías leves de tipo ambulatorio. “En la población existe una proporción de 15 por ciento de enfermos y 85 por ciento de personas sanas, estos últimos constituyen nuestro principal objetivo”, afirma el ginecólogo.

El director considera que la difusión de los servicios que ofrecen no alcanza para que la gente se acerque masivamente. Por ello idearon una solución alternativa que consiste en utilizar a los pacientes como multiplicadores de los programas. Así, buena parte de los nuevos ingresos llegan por referencia de vecinos o familiares.

Pediatría, por caso, atiende entre 600 y 700 chicos por mes a través del Programa de Control de Crecimiento y Desarrollo -incluye a los niños de hasta seis años- con un incremento del 30 por ciento de la demanda desde julio. Paradójicamente, los casos de pequeños con bajo peso están en retroceso y se comenzó a detectar problemas de obesidad en esa franja etárea.

En Ginecología, la prevención de embarazos adolescentes configura una lucha prioritaria que hasta ahora se libra con resultados desparejos. Es que frecuentemente se detectan embarazos en jóvenes de entre 15 y 17 años o mamás que no superan los 20 y ya cuentan con tres o más hijos. A Silvia Montoya, la enfermera, no le resulta fácil ensayar una respuesta al fenómeno. “Acá les ofrecemos todos los medios y sin embargo los embarazos ocurren igual. Creo que la educación o la carencia de ella tiene mucho que ver porque lo sorprendente es que, en su mayoría, son planificados”, reflexiona.

A ello se suma que el Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable se aplica parcialmente: hace seis meses que el Ministerio de Salud de la Nación no envía partidas de anticonceptivos inyectables y a pesar de que el municipio las proveyó durante un tiempo, lo concreto es que las dosis disponibles se agotaron.

Perturbaciones ocupacionales
La comparación con los hospitales resulta inevitable al destacar la importancia de los centros de salud periféricos. “La despersonalización de los hospitales atenta con la calidad de la atención médica. Aquí conocemos al paciente pero también a su familia y el entorno donde desarrolla su vida, lo que permite un seguimiento más cercano de los casos”, subraya Bettolli.

Las dificultades, sin embargo, lo acercan a los grandes nosocomios. Por caso, el consultorio de Clínica Médica funciona sólo tres días por semana a razón de tres horas cada jornada. El déficit se produjo a partir de la jubilación de la profesional que ocupaba ese cargo y logra ser paliado a duras penas con una suplencia parcial.

El área administrativa, en tanto, se sostiene gracias a la buena voluntad de los trabajadores. Como no hay personal designado a tal efecto, Silvia -la enfermera- y Laura -la agente de limpieza- se reparten las tareas para que la ausencia sea menos notoria.

Entre los desafíos más urgentes que se plantean en el centro de salud de Güemes se encuentra la pelea contra la cultura de la dádiva. A pesar del voluntarismo, los médicos reconocen que la imagen de la institución se asemeja más a la de un maxikiosco o una farmacia que lo que verdaderamente representa.

La leche para los pequeños, los anticonceptivos a la mamá, el antibiótico para el padre o la abuela y hasta las aspirinas forman parte del repertorio de pedidos diarios. Podría pensarse que ello significa un avance en la reivindicación de derechos conculcados en otros ámbitos de la vida a los marginados. Para los médicos la explicación tiene raigambre cultural.

“La solicitud de medicamentos y otros elementos muchas veces no responde a una necesidad concreta. A menudo vienen a retirar lo que sea por el sólo hecho de saber que se entrega algo gratuitamente”, sostiene Gladys Fernández, la pediátra.

También hay lugar para las pequeñas satisfacciones. Durante una de mis incursiones llegó una mujer visiblemente agitada buscando al ginecólogo. “Usted me atendía en el dispensario de barrio Oña”, alcanzó a balbucear la señora intentando explicar a Bettolli porqué se trasladó más de 50 cuadras para localizarlo. Si bien hace dos años que fue transferido a Güemes, Bettolli aún es recordado en barrio Oña. En una sociedad acostumbrada al olvido, eso no es poca cosa.

El presente pertenece al dossier de artículos del autor publicados durante 2007/2008 en el sitio www.sosperiodista.com.ar

Fecha de publicación: 27/10/07

Fuente: http://www.sosperiodista.com.ar/Cordoba/La-salud-de-los-marginados

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