
El escenario preelectoral se presenta como un momento propicio para debatir una vieja enfermedad que se ensaña con los pobres. Desde el edificio anexo del Centro Nacional de Chagas, en Córdoba, aseguran que esta enfermedad aún no es "prioridad" en los programas de políticas públicas, pese a su antigüedad. Esta nota habla de eso y del doble estigma que arrastran quienes sufren esta enfermedad.
Sebastián Sigifredo.
Con voluntarismo y recursos limitados, la sede cordobesa del Centro Nacional de Chagas se encarga de la detección y tratamiento de enfermos chagásicos. Una afección ligada a la pobreza cuyos síntomas no son visibles pero que puede incluso provocar la muerte.
Nueva Córdoba alberga infinidad de edificios en altura que conviven en tensión permanente con casas bajas, algunas de ellas centenarias. Las pequeñas edificaciones lucen hoy como resabios de un tiempo que se fue y pugnan por no desaparecer bajo el avance de las topadoras, en un lucha claramente desigual.
Entre los espacios que aún resisten los embates del progreso se encuentra el edificio anexo del Centro Nacional de Chagas. Franqueado por una flamante cochera y varias torres, la modesta construcción pasa casi inadvertida para los vecinos de la zona. El inmueble cuenta con un laboratorio, un archivo con más de 25.000 historias clínicas y algunos consultorios.
Allí trabaja Rodolfo Liendo desde hace más de treinta años. Rodolfo es supervisor técnico de la Dirección de Control de Vectores y realiza su trabajo en dos planos bien diferenciados. Habitualmente desempeña funciones administrativas: otorga turnos, controla las historias clínicas, brinda información de servicios y distribuye los días de atención.
Pero también participa de las campañas regulares que se efectúan en zonas rurales de nuestro país y que por su vulnerabilidad son consideradas áreas de alto riesgo para contraer la enfermedad. Su interés primordial parece estar depositado en ésta última actividad: “Es lo que me brinda grandes satisfacciones”, afirma.
Las incursiones por el interior lo llevan a parajes inhóspitos atravesando rutas intransitables, donde el agua escasea y las carencias marcan a fuego las condiciones de subsistencia de sus habitantes.
El mal de Chagas se transmite por un vector: la vinchuca, una especie de cucaracha que habita en las zonas rurales. Suele ensañarse con los más pobres que viven en casas construidas con materiales precarios. Entre los techos, muchas veces de paja y barro; en los huecos de las paredes sin revocar; entre las cajas y cartones que reposan sobre el piso de tierra; en todos estos lugares se aloja la vinchuca, que se multiplica rápidamente. De hábitos nocturnos, acostumbra picar de noche.
Santiago del Estero, El Impenetrable -Chaco- o los bosques tucumanos son los escenarios más recurrentes de las intervenciones sanitarias aunque el norte cordobés tampoco queda exento. “Río Seco, Tulumba, Villa Dolores y Cruz del Eje, entre otras, forman parte de un cordón crítico. De allí provienen el mayor número de casos de la provincia”, confirma el técnico.
“El modus operandi es simple: se detecta una demanda concreta y viajamos hacia la zona. Tomamos contacto con el agente sanitario de la región y organizamos las tareas. Durante las dos semanas subsiguientes hacemos fumigaciones en los hogares y reuniones comunitarias con actividades de concienciación”, señala.
Quien sufre el Mal de Chagas arrastra un doble estigma no sólo porque ve afectada su salud -en los casos que la enfermedad se manifiesta- sino también en la medida que se dificulta su acceso al mercado laboral.
La Ley Nacional 22.360 incluye entre los exámenes pre-elaborales el de detección del Chagas. Y tal como ocurre con el VIH/SIDA, cuando los estudios arrojan resultado positivo, se le niega el puesto al portador. Para ello las empresas recurren al archiconocido argumento de que el postulante “no reúne los requisitos del perfil solicitado”. Claro está, gracias a este mecanismo perverso la persona en cuestión jamás será informada de que convive con la enfermedad.
Se calcula que actualmente 1 de cada 13 argentinos padecería la afección. De esos 3 millones de personas que componen el total, 500.000 serían enfermos crónicos. Pero estas cifras sólo representan una estimación ya que el último relevamiento en Argentina data de 1994, año en el que se consignó en 2.300.000 la cantidad de infectados con el Trypanosoma Cruzi, el parásito que produce la enfermedad. Del total, probablemente entre un 20% y 30% contraerá graves enfermedades crónicas o digestivas. Uno de los mayores riesgos es la muerte súbita.
A pesar de que los casos agudos han disminuido, el número de contagios se mantiene estable y en ello una cuota importante de responsabilidad recae sobre la discontinuidad de los programas de control. “Tal como están planteadas las cosas, los avances son parciales. Desde el Centro realizamos intervenciones muy localizadas espacialmente y durante un período de tiempo relativamente breve. Sin embargo las acciones no dan los frutos esperados porque cuando nos retiramos ningún nivel del Estado continúa las tareas de seguimiento”, asegura Liendo.
La poca visibilidad de que goza el Mal de Chagas se contrapone con el cuantioso número de infectados, cifra que supera ampliamente a las personas con VIH. Ocurre que, por un lado, no es prioridad en los programas de políticas públicas. Por otro, no adquiere visibilidad porque afecta a un sector de la sociedad que carece de los recursos para instalar el problema en la agenda pública. Y los pobres, esparcidos además en áreas rurales, no tienen demasiada posibilidad de ejercer presión.
Un dato para el asombro ilustra la situación: aunque el Centro cuenta con un electrocardiógrafo en perfectas condiciones de uso, el mismo está inutilizado. ¿Por qué? El personal que estaba designado en dicha función ya se jubiló y no se volvió a nombrar otro agente para reemplazarlo. Esto obliga a los pacientes a realizarse los electrocardiogramas en otros centros de salud.
El Chagas seguirá siendo un tema sin resolver hasta que no se implemente otro tipo de políticas sanitarias, sociales y legislativas. Acaso el escenario preelectoral sea el momento oportuno para iniciar el debate.
Fecha de publicación: 28/07/07
Fuente: http://www.sosperiodista.com.ar/Cordoba/Los-candidatos-deberian-incluir-el-mal-de-chagas-en-su-agenda
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