viernes, 2 de abril de 2010

Las torres de la discordia



El complejo habitacional Cooppar se erige en el corazón de Güemes, un histórico barrio de la capital cordobesa. Consta de tres imponentes torres ubicadas en avenida Pueyrredón, entre calles Arturo M. Bas y Corro. Desde el exterior, nada indica que las más de mil personas que allí residen llevan una vida diferente a la de otros consorcios.

Sebastián Sigifredo.

Ascensores que no funcionan, matafuegos que desaparecen, paredes deterioradas; todo parece configurar un entramado de abandono y dejadez. ¿Cómo se llegó a ésta situación?

El plan de viviendas fue gestionado por la Cooperativa de Vivienda, Crédito y Consumo Cooppar Limitada, a través del Banco Hipotecario Nacional, a principios de los años 90’. A partir del lanzamiento del programa, muchas familias de clase media se sumaron a la propuesta tentadas por la idea de conseguir el techo propio en cuotas que no superaban la de un alquiler estándar.

Pero las obras atravesaron serios inconvenientes dado que la empresa que inició las tareas se desentendió del proyecto antes de haber edificado el 10 por ciento del complejo. La construcción se paralizó hasta que Estilo SA tomó a su cargo la finalización de las torres. Ubicados en el corazón de barrio Güemes, sobre avenida Pueyrredón, entre las calles Arturo M. Bas y Corro.

La entrega de las unidades se realizó en 1997, mucho tiempo después del plazo original, lo que acrecentó la bronca y desconfianza de los adjudicatarios hacia Cooppar. Sin embargo, algunos sectores de las edificaciones quedaron sin concluir, como es el caso de las cocheras del subsuelo. Allí, los techos no fueron revestidos y aún hoy puede observarse la estructura interna de la edificación. En la superficie quedaron incluso el armado de vigas y soportes para los cimientos de otra de las torres a ser construidas, ya que en un principio iban a ser cinco edificios, con espacios verdes y deportivos.

Desde entonces, la enemistad de buena parte de los vecinos con la administración fue el signo que marcó a fuego la historia del consorcio.

Desde Cooppar admiten que en los primeros años hubo irregularidades atribuibles a la escasa experiencia de los integrantes de la administración. Y señalan que existe buena voluntad para sacar adelante el consorcio. “Es difícil seguir cuando hay un 50% de morosos en las expensas. Las magros ingresos apenas alcanzan para pagar sueldos, la luz, cuotas de impuestos atrasados y algunos arreglos”, explicó Daniel Rabal, protesorero de Cooppar.



Tampoco entre los vecinos del complejo existen posiciones unificadas. La primera brecha separa a los adjudicatarios -que tienen títulos precarios y luchan por la escritura definitiva- de los inquilinos, normalmente menos comprometidos en el proceso por su carácter de ocupantes transitorios. Las diferencias con la administración llevaron, incluso, a que un grupo de vecinos decidiera no abonar más las expensas. Argumentan su postura afirmando que si no “se hacen mejoras, para qué despilfarrar nuestro dinero”.

Otro conjunto de vecinos decidió en cambio poner manos a la obra con el fin de mejorar el estado general de las torres. A través de la creación de comisiones internas, constituidas por vecinos que trabajan de manera desinteresada, se produjeron importantes avances: mejoras en la iluminación, mantenimiento de ascensores, colocación de matafuegos, luces de emergencia y señalética, puesta en marcha de dispositivos de seguridad, etc.

Pero todo ello, que se consiguió con tanto esfuerzo, comenzó a degradarse al poco tiempo. En la actualidad las paredes lucen sucias y rayadas, algunos matafuegos ya no están, los ascensores funcionan a duras penas y las comisiones de trabajo languidecen.
Una serie de episodios desafortunados ilustra la difícil situación que afecta al complejo habitacional: en el 2004, un niño de nueve años salvó su vida de milagro cuando al intentar abordar el ascensor, éste arrancó con la puerta abierta. La solidaridad de los vecinos y la rápida acción del Grupo Especial de Salvataje (GES) de la Policía de Córdoba evitaron que el niño cayera al vacío desde un octavo piso. En 2005, durante 72 horas, Epec (Empresa Provincial de Energía Eléctrica), interrumpió el suministro de energía eléctrica en los espacios comunes de los tres edificios debido a la abultada deuda del consorcio con la empresa. La medida fue revertida luego de tensas negociaciones y la presentación de un recurso de amparo ante la Justicia Federal.

También en 2005, los vecinos de la Torre Uno debieron autoevacuarse -por no contar con matafuegos- luego de que un incendio desatado en el depósito de basura del subsuelo amenazó con extenderse al resto del edificio. Los daños ocasionados entonces fueron mínimos gracias a la efectiva intervención de una dotación de bomberos.

El hecho de que los adjudicatarios aún no cuenten con la escritura de sus inmuebles pese a que transcurrieron ya 10 años de la fecha de entrega de los departamentos, entre otras razones obedece a que el complejo no cuenta con final de obra. Así lo confirmó el Subsecretario de Obras Privadas y Uso del Suelo municipal, Ernesto Marangello, quien señaló que "el proyecto de obra fue presentado y aprobado en su momento pero no tiene final de obra. Nunca más entregaron la documentación respectiva". Aclaró también que no cuenta la "obra de arte obligatoria" y que se han detectados "problemas con el mantenimiento de los ascensores", que por esto la administración fue emplazada y al día de ayer, aún no habían presentaron la documentación requerida.

A fin de cuentas, la desidia sigue intacta. La inestabilidad asoma en cada rincón y el compromiso de nosotros, sus habitantes, ha menguado considerablemente.

Para cambiar el mundo hay que comenzar por casa -se predica, a menudo- y aquí, en las torres de la discordia, tenemos un largo camino por recorrer.

Fecha de publicación: 18/05/07

Fuente: http://www.sosperiodista.com.ar/Cordoba/Las-torres-de-la-discordia

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